viernes, 29 de mayo de 2015

Restauración




Lija, removedor, cepillo

dejar a blanco
la madera del alma.

Que no huela a barniz ni a pátina
sino a árbol
         a savia
         a raíz.

Que sea el gusano
el que complete el trabajo
que rompa
sus envolturas de siglos
y se decida
por fin
a volar.


martes, 12 de mayo de 2015

Señales en el cuerpo




a Chiara, a las muchas Chiaras de cada día.

“…cuando en la dentadura
sientas un arma
sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro”
Miguel Hernández


A los once años, su cuerpo le dio señales. Por fuera, unas redondeces que provocaron vergüenza al principio y un placer nuevo después, cuando hubo que usar ropa interior diferente. Por dentro, una efervescencia desconcertante, irritante a veces. A los doce años, la sangre de la vida se hizo presente, con su carga de incomodidad y de cosa íntima.  A los trece, el interés por “ellos” matizó pensamientos, conversaciones, risas, juegos. Algunos todavía le decían “nena”, pero ella sabía (mujer al fin) que había atravesado definitivamente las barreras de la niñez. A los catorce, mientras elegía el vestido para la fiesta de quince, se sintió hermosa. Y lo escuchó de boca de él y vino el primer beso y ese fuego corriendo hacia el centro y el abrazo y el vértigo y la desnudez y los cuerpos que se buscan y el mareo absoluto.  Después hubo otras señales: la menstruación que no venía,  los pechos que se hinchaban y ese papel tan temido con la frase lapidaria: embarazo de ocho semanas.  Y entonces fue el miedo, el desamparo. ¿A quién pedir ayuda? A él, claro, al hombre-niño que la había amado,  pequeño padre desvalido, imposibilitado de proyectos y atorado de furia. Hubo incomprensión hacia ese cuerpo adolescente sobrecargado de ansiedades. Hubo discusión, gritos, amenazas. Un cuchillo brilló apenas en el aire y se hundió en la blandura de la carne que quería crecer. Y la sangre vino y fue la señal, no de vida, no de esperanza, no de futuro. Vino la helada sangre de la muerte.

martes, 5 de mayo de 2015

Otoño en la pampa bonaerense

Camino a Junín

Me dio pena dejar a los árboles tan solos
bajo ese cielo espeso.




Viento en la laguna

El domingo fue un día perfecto: el sol nos entibió y el viento se llevó los fantasmas a pasear un rato por la Laguna de Gómez.





Para esa ocasión, nada mejor que un look '60.

¡Viva la poesía!

El Instituto Cultural latinoamericano de Junín tuvo la gentileza de premiar tres poemas míos con la segunda mención especial. Profundamente agradecida.



lunes, 4 de mayo de 2015

En homenaje a Sábato...

... se presentó la antología de cuentos y poemas. Mi querido Gustavo D'Orazio participó con un bello poema.

¡Felicitaciones, poeta!

Casa de don Ernesto

 Hermosa tarde de sábado junto a amigos queridos recorriendo la casa de un maestro de la literatura y del pensamiento, en la previa a la entrega de antologías de cuento y poesía en su honor.


Con Patricia Morante y Gustavo D'Orazio durante la visita.


El escritorio de don Ernesto

Ceres


El taller