martes, 12 de mayo de 2015

Señales en el cuerpo




a Chiara, a las muchas Chiaras de cada día.

“…cuando en la dentadura
sientas un arma
sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro”
Miguel Hernández


A los once años, su cuerpo le dio señales. Por fuera, unas redondeces que provocaron vergüenza al principio y un placer nuevo después, cuando hubo que usar ropa interior diferente. Por dentro, una efervescencia desconcertante, irritante a veces. A los doce años, la sangre de la vida se hizo presente, con su carga de incomodidad y de cosa íntima.  A los trece, el interés por “ellos” matizó pensamientos, conversaciones, risas, juegos. Algunos todavía le decían “nena”, pero ella sabía (mujer al fin) que había atravesado definitivamente las barreras de la niñez. A los catorce, mientras elegía el vestido para la fiesta de quince, se sintió hermosa. Y lo escuchó de boca de él y vino el primer beso y ese fuego corriendo hacia el centro y el abrazo y el vértigo y la desnudez y los cuerpos que se buscan y el mareo absoluto.  Después hubo otras señales: la menstruación que no venía,  los pechos que se hinchaban y ese papel tan temido con la frase lapidaria: embarazo de ocho semanas.  Y entonces fue el miedo, el desamparo. ¿A quién pedir ayuda? A él, claro, al hombre-niño que la había amado,  pequeño padre desvalido, imposibilitado de proyectos y atorado de furia. Hubo incomprensión hacia ese cuerpo adolescente sobrecargado de ansiedades. Hubo discusión, gritos, amenazas. Un cuchillo brilló apenas en el aire y se hundió en la blandura de la carne que quería crecer. Y la sangre vino y fue la señal, no de vida, no de esperanza, no de futuro. Vino la helada sangre de la muerte.

4 comentarios:

  1. Una crónica, un pincel narrativo-literario que conmueve. Hiela la sangre imaginar el suceso. Ana, esta temática avanza en tus escritos con peso propio y un estilo de precisión quirúrgica; seco, directo y movilizador. Todo mi afecto.

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  2. Me hiciste llorar, por Chiara, por el texto, por tantas Chiaras que nos rodean Hagámoslas visibles, hablemos, escribamos, pintemos, caminemos por un mundo sin violencia, por que no haya ni una menos. Seguí escribiendo , con la pluma, con la palabra y con la espada metafórica, luchemos por ellas, por nosotras y por un futuro esperanzado.

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  3. ¡Ay, amiga! Estremece. Abrazo grande.

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  4. Qué terrible.
    Siempre es terrible.

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